Bizcocho Mandarina y Vainilla

Ya, ya sé que hace mucho calor… Venga, os dejo que me llaméis loca, ¡pero soy incapaz de mantener el horno apagado! Eso sí, procuro hacerlo a primerísima hora de la mañana que aún entra algo de aire agradable por la ventana y se lleva el calor. ¿Vosotros cómo aguantáis sin encenderlo? Contadme vuestros trucos a ver si voy tomando nota… 😉🙏

La receta que os traigo hoy la he sacado más o menos (con algún cambio como de costumbre) del libro “Pasteles” de Martha Stewart. Tengo muchos libros de recetas pero este es uno de los que me encantan porque tiene muchas propuestas, de muchos tipos (bizcochos, layer cakes, tartas frías, cheesecakes…) y además te da ideas de cómo modificar una receta base. Y, lo más importante, cada receta que he probado sale perfecta y riquísima, ¡qué más se puede pedir! 😍

Esta elaboración la hice con mandarinas que me mandaron desde la empresa Campos de Azahar pero no os preocupéis, podéis hacerlo también con otros cítricos que os gusten más y sean más fáciles de encontrar fuera de temporada.

INGREDIENTES:

  • 240 gr Harina
  • 1/4 cucharadita Levadura Química
  • 1/4 cucharadita Bicarbonato Sódigo
  • 1/4 cucharadita Sal Fina
  • Ralladura de 4 mandarinas
  • 125 gr Azúcar
  • 120 gr Mantequilla (sin sal)
  • 2 Huevos L
  • 60 ml Zumo de Mandarina
  • 180 ml Nata (con al menos 35% MG)
  • 1,5 cucharadita Pasta de Vainilla
  • Para el Almíbar (opcional): 120 gr Zumo de Mandarina y 40 gr Azúcar

ELABORACIÓN:

  • Empezamos precalentando el horno a 180º con calor arriba y abajo, así lo tendremos listo a la hora de introducir el bizcocho.
  • Seguimos tamizando la harina junto con la levadura, el bicarbonato y la sal y reservándola en un bol.
  • En un recipiente diferente, mezclamos la nata, el zumo de mandarina y reservamos para el momento de incorporarlo a la masa.
  • Ahora en el bol de la amasadora (o donde vayamos a preparar la masa) ponemos el azúcar junto con la ralladura y lo batimos ligeramente para que la ralladura suelte toda su esencia y dé más sabor a la elaboración.
  • Seguidamente añadimos la mantequilla y batimos a velocidad media-baja hasta obtener una mezcla suave y esponjosa.
  • Llega ahora el momento de ir añadiendo los huevos, uno a uno y ligeramente batidos. No incorporamos el segundo hasta que el primero esté bien integrado.
  • En este punto vamos a añadir la mezcla de los secos que tamizamos y teníamos reservada. Lo haremos en tres tandas, intercalándolo con la mezcla de líquidos que tenemos en otro bol diferente.
  • Cuando esté la masa, la vertemos en un molde previamente engrasado (y, si queremos, con la base forrada de papel vegetal) y horneamos unos 45 minutos a 180º o hasta que al pinchar con un palillo este salga limpio.
  • Mientras se hornea prepararemos el almíbar si lo vamos a poner. Para ello, ponemos el zumo con el agua en un cazo y en el momento en que empiece a hervir, reducimos la temperatura y dejamos que se cocine durante 3 minutos más.
  • Una vez sacamos el bizcocho del horno, utilizamos un punzón (o en su defecto un cuchillo fino o un palo de pinchito) para hacer algunos orificios por la superficie del bizcocho.
  • Esperamos unos 10 minutos a que se temple y, pasado ese tiempo, desmoldamos y bañamos con el almíbar por la superficie y por los laterales.

Una vez que esté hecho, y con el aroma que va a dejar en casa, ya me contaréis si sois capaces de resistir la tentación o vais lanzados a hacer la cata del bizcocho… 🙈

Como os pongo, el almíbar es opcional. Podéis elegir entre quedaros con el bizcocho tal cual o añadirle esto. Yo os seré sincera, normalmente no me gustan los bizcochos con almíbar pero este queda tan sabroso que me parece muy buena opción ponerlo.

¡Y hasta aquí la receta de hoy! ¿Os ha gustado? ¿Os animaréis a probarla? ¡Espero vuestros comentarios! Ah, y si tenéis cualquier sugerencia de receta que queráis ver por aquí, ¡soy toda oídos! 😄

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